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En estado de gracia La Nacion
(10 de mayo de 2008, 02:00 AM)
 

En estado de gracia
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Gonzalo Bergessio habla y sonríe. El héroe conversa y se ríe. Claro, antes de los flashes, de la exposición mediática desmedida. "Bueno, está bien: no me gustan mucho las fotos", lanza la frase ocurrente. Dice, después, otras sentencias y vuelve a mostrar la sonrisa. "Casi no dormí: sigo sin creer todo lo que me pasa", cuenta el delantero, el autor de los dos goles en el inolvidable empate por 2 a 2 frente a River con dos hombres menos, segundos después de divertirse en el distendido entrenamiento del día después de la hazaña. Bromas, risas, plenitud sobra en San Lorenzo.

Poca exigencia física, mucha felicidad. Emociones al margen, alegrías compartidas en un costado, Bergessio abandona la práctica, camina hacia un rincón del Nuevo Gasómetro y se lanza a la emoción. Una vez más.

"Es lo mejor que me pasó en la vida", dice, como si fuera una frase más. "Esta clase de partidos te dejan una enseñanza: nunca hay que bajar los brazos", cuenta Gonzalo, el hombre del zurdazo, el personaje del cabezazo, el protagonista casi excluyente de la noche inmortal. "Héroes somos todos. Hice los goles, es cierto, pero todos dejamos la vida por seguir en la Libertadores", cuenta el personaje conocido como Lavandina desde joven, en su Córdoba natal, cuando se divertía en la Sociedad de Fomento Villa Hidalgo, mientras lucía una cabellera blanca como la nieve. Y con rulos, una imagen que ya no muestra.

Es un especialista contra River: ya le marcó uno con la camiseta de Racing -una debilidad sentimental que tuvo en su infancia-, en un triunfo por 3-1, en el Apertura 2006, con Mostaza Merlo de entrenador. "Todos son importantes. Pero estos dos tuvieron un sabor especial, ¿no?", pregunta, por si hiciera falta, el hombre que sabe de goles y desquites, de festejos y esfuerzos, con sus primeros días en Platense e Instituto, en clave de ascenso y en Racing y Benfica, con suerte dispar.

Corre, mete, lucha, juega, hace goles. Así, su ímpetu encariña a los fieles. Aún antes del clásico nacido para trascender. "Volví a la Argentina de Europa porque me pidió Ramón Díaz. Y porque el club era San Lorenzo. Y los hinchas me mostraron afecto desde el primer día", cuenta Bergessio, hombre de 23 inviernos y un recorrido fugaz, a modo de experiencia vertiginosa.

Otra vez, las imágenes regresan a su cuerpo. El Monumental repleto, la desventaja sorpresiva, la inferioridad numérica. Los fantasmas. Los temores. "Realmente, estaba todo perdido, parecía que se nos iba, pero este equipo tiene un corazón enorme. Ya lo demostró cuando ganamos en Potosí", cuenta el delantero, pura potencia y coraje, en recuerdo fresco de la noche a 4000 metros sobre el nivel del mar, cuando el Ciclón caía por 2-0 y reaccionó con la fuerza del corazón para sellar un triunfo por 3-2 que aún debe festejar.

Bergessio habla, sus compañeros se divierten. Las bromas siguen, las palabras vuelan. "Ya pensamos en Independiente", advierte, por si hiciera falta, con la mirada en el clásico de mañana; en el Clausura, que lo muestra en las alturas.

Respaldado por Mostaza y lanzado a la primera por Teté Quiroz, cuenta al metegol y al ping pong como sus pasatiempos preferidos. "Le gano siempre a Gastón Aguirre", bromea el futbolista, como tantos otros, en sintonía con la cumbia. "Me abracé con todo el mundo después del segundo gol. No sé quién estaba. Bah, en realidad, éramos poquitos: nueve apenas", dice, con la complicidad de las tarjetas rojas a Diego Rivero y Jonathan Bottinelli.

-¿Ya viste a la Liga?

-Sí, vi todos los partidos. Es un equipo complicado, muy duro, sobre todo de local. No va a ser fácil.

-¿Sentís que dieron un paso decisivo para soñar en grande?

-Falta mucho. Están Boca y los equipos brasileños, con mucha experiencia en estos torneos. Pero nos sobra fe.

Dos goles en tres minutos. Entre los 24 y los 27 de segundo capítulo se paralizó el alma azulgrana. Como si, de pronto, Bergessio advirtiera que San Lorenzo escribe, en 2008, en el año del centenario, lo mejor de su rica historia. "San Lorenzo es así: nunca se entrega", dice, consecuencia inequívoca de su propio corazón.

Por Ariel Ruya
De la Redacción de LA NACION

Palabras de D?Alessandrio

  • ?Me dolieron los silbidos; espero que no haya nada detrás de eso. Con la gente de River lo mejor..., mi corazón está ahí, pero mi presente es San Lorenzo?

  • ?Fue como en el Nuevo Gasómetro. Sabíamos que iba a ser duro. No es lindo que entre argentinos haya tanto roce, pero todo quedó en la cancha. Hay códigos y es bueno?

  • ?Estoy contento por cómo revertimos el partido, contra un grande como River y en Núñez. La actuación va a quedar en la historia para San Lorenzo?

  • ?Hay que parar la pelota, estar tranquilo. Se ganó uno de los cruces más difíciles, pero todavía no se consiguió nada. Hay que seguir así?

 

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