Allí se muestra Vélez. Primero, al menos por unas horas. En la cima, a pesar de que no es un equipo confiable. En las alturas, semanas después de que sus jóvenes soldados sufrieran heridas de algunos hinchas con el dedo acusador de supuestos malos hábitos. Allí se instala Vélez. El mismo que abrió el juego del Clausura con entusiasmo y efectividad, el mismo que sufrió la lógica huella de la irregularidad de un conjunto apenas en formación. Allí va Vélez, luego del esforzado triunfo de anoche por 2-1 contra el comprometido Central; con la sapiencia de Hugo Tocalli, con la estructura de un proceso exitoso en la experiencia de hombres que hace años que son parte de Liniers.
Los dirigentes, en el tiempo, son los mismos. Los jugadores, en su mayoría, son obra del club. Los hinchas, los mismos rostros de siempre. Más de un acierto de aquellos -basta deslumbrarse, en apenas una mirada, con el fantástico escenario-, más de un acierto de los siguientes -futbolistas con proyección- y más de un vicio de los últimos, gastados en críticas a sus propios caudillos.
Los reproches que sufrió Escudero, el mejor del campo entre talentos ausentes, cuesta encauzarlo, si quiera, en la lógica del apasionamiento del hincha. De fantástica capacidad en su zurda tanto como intermitencia condicional, Escudero, el alguna vez llamado Messi de Liniers exasperaba a muchos. No así otros valores, más rústicos, más torpes, más irresolutos. Como una broma del destino, Escudero fue influyente en la gran obra colectiva del primer gol. Y construyó, pura gambeta, inteligencia y rapidez, el segundo tanto, el que pareció cerrar un partido que, sin embargo, le abrió el juego a un breve suspenso.
Vélez es un club chico, con mentalidad de grande. O, acaso, al revés: es un gigante que piensa siempre en inferioridad, víctima de supuestos complots. Aunque, en realidad, con el caso de Escudero y de tantos otros apellidos, demuestra que sus propios fantasmas no están lejos de Liniers: se sitúan dentro de su propio escenario.
Vélez es líder por Escudero, por algunas decisiones confiables de Ríos y porque la angustia es parte, también, de su presente. Ni el arquero ni los defensores -son tres, pero parecen menos- ofrecen garantías para luchar en grande. Ganaba 2-0, a ocho minutos del final. Sufrió el descuento. Y padeció demasiado hasta el final. Algo así como un par de joyas y la voluntad de saber manejarse con el tormento.
No se sintió inferior Central salvo por los golazos rivales. No se arrinconó cerca de su valla, no se retrasó en forma peligrosa. Sin embargo, su propuesta de prolijidad y esmero no le alcanzan, ya que no cuenta con una dosis de peligro en el área rival: casi no genera ocasiones genuinas. Puede marcar, pero no por obra de acciones seleccionadas. El buen panorama, el despliegue generoso, sin sorpresa final se parece a una pieza de gusto relativo.
El primer tiempo fue un suplicio: de lo peor que podrían haber mostrado. Irresolutos, incapaces, desorientados. Cuando dieron tres pases seguidos provocaron un shock de confianza desvanecido en el toque siguiente. Apenas un cabezazo de Zelaya, que Montoya envió al córner, confirmó que el partido se estaba disputando. O cuando el hincha aquel de Vélez, que intentó ingresar en el campo en el final del primer capítulo, atrapado con vértigo por un grupo de seguridad, fue lo más vistoso de esa etapa.
Mejoró todo en los minutos posteriores. El ingreso de Cristaldo, un joven atacante, por Coronel, le dio una dosis mayor de fortaleza a Vélez en los metros finales. Ríos se inspiró, Escudero creció. Y dos obras de colección lo derivaron a la cima provisional. Primero, una jugada colectiva: la pelota pasó por los pies de Ríos, Escudero, Silva y Cristaldo, que selló el ejemplar. Toque, rotación, precisión. Luego, la zurda de Escudero surgió, entre los extraños reproches de los hinchas. Un avance entre amagos, tres rivales sorprendidos y una definición exquisita. Pareció cerrarse el estadio.
Pero Paglialunga descontó, Central se agigantó y Vélez sufrió. Aunque la cima ya tenía un nuevo, temporal y sorpresivo dueño.
Por Ariel Ruya
De la Redacción de LA NACION
LO POSITIVO
Los tres triunfos seguidos: Lanús, Tigre y Central
Para alcanzar la cima, Vélez sumó tres triunfos seguidos: 3-2 a Lanús, en Liniers, 2-0 a Tigre, en Victoria y el 2-1 de anoche frente a Central.
LO NEGATIVO
Como visitante, Central apenas ganó una vez
Lejos de Arroyito, Central falla: apenas ganó una vez, en Bahía, ante Olimpo, por 3-1. Y suma tres caídas y un empate en esa condición.
LO DESTACADO
Un lujo en los palcos: plasmas para ver el match
Los palcos de prensa y la platea norte de Vélez tienen ventaja: se instalaron plasmas para respaldar el partido en vivo. Un lujo.