LA PLATA.- Desde temprano, en las calles aledañas al estadio, los hinchas de Estudiantes se preguntaban qué sucedería minutos después, en el terreno, entre su símbolo, Juan Sebastián Verón, y Martín Palermo..., el ¿ex ídolo pincharrata ? Todas las miradas, todas las cámaras estuvieron pendientes de lo que podía ocurrir entre dos futbolistas que supieron ser muy buenos amigos y que se encuentran distanciados desde aquella reñida final por el Apertura de 2006 que conquistó el equipo platense.
Ambos, portadores de la cinta de capitán, se saludaron fríamente en el sorteo inicial. Palermo, muy silbado por los hinchas locales cada vez que tocó la pelota, pareció perturbado por el repudio, y su rendimiento fue muy pobre: nunca remató al arco y perdió cinco balones. Verón, en tanto, tampoco tuvo una tarde inspirada; se mostró fastidioso, abusó de los pelotazos y recibió la tarjeta amarilla por una dura infracción sobre Pablo Ledesma.
Entre ellos solamente se cruzaron una vez durante el juego: fue en el segundo tiempo, cuando la Brujita Verón le tiró un golpe al colombiano Fabián Vargas y amenazó con continuar la discusión, pero el artillero xeneize lo tomó de un brazo para intentar serenarlo. Luego, nunca más se encontraron en el campo de juego.
La salida de ambos del estadio platense fue muy distinta. Mientras Palermo se alejó con rostro parco y sin hacer declaraciones, Verón, más satisfecho, expresó: "Este es un equipo que me genera orgullo. De la eliminación en la Copa Libertadores nos costó recuperarnos, pero lo hicimos y muy bien".