El aire en el Monumental parecía cortarse con el filo de una navaja hasta que los goles de River sofocaron las llamas de la tensión. En La Plata, lejos de un clima tirante, Estudiantes fue envuelto por la calidez del reconocimiento y su corazón recuperó la sonrisa habitual de épocas recientes. Con el alma herida por la eliminación en la Copa Libertadores, River y Estudiantes cicatrizaron apenas algo de la hemorragia de lamento y dolor. Los dos encontraron en el torneo Clausura el alivio y el entusiasmo que extraviaron hace unos días en el terreno internacional. Nostálgicos por un sueño perdido, ambos equipos dieron ayer señales de vida con elaborados éxitos, y así ratificaron su afán de cerrar el semestre con la impronta de la celebración.
Vale una aclaración: nada está resuelto aún en el volátil certamen doméstico. El torneo Clausura pone en apuros y carga de urgencias a todos. Contempla resurrecciones, como la de Independiente, y siempre suele empujar al abismo a los apresurados pronósticos. A las predicciones se las devora la realidad.
Por eso, más allá de las derrotas, no sería lógico aún echar por tierra las pretensiones de Boca y San Lorenzo, ambos con la mirada sostenida en sus compromisos por los cuartos de final de la Copa Libertadores. Tampoco sería prudente pensar que la ventaja que sacaron River y Estudiantes es un objetivo lejano para los otros perseguidores: Vélez e Independiente, quienes se mantienen expectantes tras sus victorias.
El recorrido hacia el final del Clausura será un viaje de cruces atrapantes, con tintes de definición en algunos de ellos, como River ante Independiente, el domingo próximo. Tal vez los Rojos, a tono con la esquizofrenia que domina al torneo, sean, entre los seguidores, el equipo con más posibilidades de asaltar el poder de Estudiantes y River. Deben enfrentar a ambos y se abren camino empeñados en clasificarse a la Copa Sudamericana, sin otra presión. Es un caso curioso Independiente: fue dirigido por tres entrenadores y da pelea.
La situación proyecta jornadas de alta tensión, en las que una falla podría resultar fatal y en las que el descanso y los réditos de las olvidadas pretemporadas desencadenarían el empuje físico necesario para mantener vivo el entusiasmo hasta el final.
Bajo las luces de este escenario, Boca y San Lorenzo, exigidos por otras obligaciones, dan la sensación de estar un paso atrás del resto. Asimismo, River y Estudiantes entregaron ayer un guiño de optimismo, pese a que ambos todavía sufren de un vacío futbolístico que se trasluce en la media de los veinte equipos que animan el certamen. Los dos, fieles a los mandatos del deporte, encontraron ayer un tiempo de revancha. Los triunfos sobre Gimnasia (LP) y Boca, en ese orden, paliaron algo del dolor tras la frustración en la Copa Libertadores. Ahora, ambos observan el Clausura como el mayor desafío para olvidar las penas.
Pero nada está dicho. La mejor postal que refleja hoy el Clausura es la de un paisaje de impulsos azarosos: todo puede suceder, nadie está a salvo en un torneo desconcertante.
7 éxitos sobre ocho partidos como local son los que han conseguido River y Estudiantes en el Clausura; ambos empataron el choque restante
Por Nicolás Balinotti
De la Redacción de LA NACION
Dixit
?Los jugadores están dolidos, pero hay que mirar para adelante. Uno no se puede quedar llorando.?
DIEGO SIMEONE
DT de River
?Sirve para sacarse la espina de la Copa, nos dolió mucho. Pero ahora disfrutamos de ganarle a Boca.?
ROBERTO SENSINI
DT de Estudiantes