Juan Miguel Núñez
Madrid, 14 may (EFE).- Una corrida de toros malos por donde se
les mire, sin embargo, arroja al final el balance de una oreja para
el español Antonio Ferrera, premio a la habilidad y la entrega, hoy
en Las Ventas de Madrid.
FICHA DEL FESTEJO.- Toros de José Luis Pereda -tercero, cuarto y
sexto con el hierro de La Dehesilla-, bien presentados, pero mansos
y sin clase, de nulo juego. Corrida, como la del día anterior, muy
variada de edad, con tres toros -primero, tercero y cuarto- de casi
seis años; dos -segundo y quinto- cinqueños; y un cuatreño, el
sexto.
Luis Francisco Esplá: metisaca que degolló (silencio); y media
tendida y dos descabellos (silencio).
Luis Miguel Encabo: estocada (división al saludar); y tres
pinchazos, media tendida y dos descabellos (silencio).
Antonio Ferrera: media atravesada (silencio); y estocada (una
oreja).
La plaza se llenó en tarde de nubes altas y temperatura fresca a
la sombra.
NINGUNO EMBISTIÓ DE VERDAD
Hubo que esperar al sexto toro para encontrar justificación a la
tarde. Y no fue cosa del astado, sino más bien del torero, Antonio
Ferrera, que fue quien puso todo. El torero impresionó con las
banderillas y mató muy bien, con mucha contundencia, y entre medias,
hay que reconocer también, arriesgó lo suyo. Desde luego estuvo muy
por encima del deslucido toro de Pereda, siendo éste el menos malo
del encierro. En realidad ninguno de los seis embistió de verdad.
Una corrida fundamentalmente desclasada, de buena fachada y nulo
contenido, aunque el referido sexto se arrancó de lejos, prestando
más emoción e interés. Pero ni éste ni los anteriores llegaron a
"romper", según término de la jerga para definir al toro bravo que
colabora siguiendo los engaños por abajo.
Ninguno se desplazó largo y con franqueza. Más bien embestidas
inciertas, las caras a media altura, mirando por encima de las
esclavinas de los capotes y de los estaquilladores de las muletas,
sin descolgar del todo. Unos se han movido más que otros, pero con
el denominador común de la falta de clase. Y los hubo incluso que
sacaron lo que los profesionales llaman "peligro sordo", todavía
mucho peor porque no trasciende.
Tuvo mérito Ferrera, que acertó en la puesta en escena, arriesgó
más de lo que el toro merecía, y resolvió así una faena impensable.
La clave fue no rendirse, desde el arrebato en los lances de recibo
a la espectacularidad con las banderillas pasando por la entrega con
la muleta. Toro mirón e incierto, pero que, ya está dicho, en la
arrancada de lejos tenía emoción y cierta boyantía. Finalmente,
agotadas las inciertas embestidas, Ferrera se pegó un "arrimón" como
recurso que dio también resultado. Para remate un espadazo
fulminante.
El público se dio el gustazo de pedir la oreja como recompensa
del suplicio que había soportado en la tarde. Y en verdad, también
Ferrera la merecía.
Todo lo anterior, mejor no recordarlo. El propio Ferrera no pudo
pasar de un simple proyecto de faena en el flojo y parado tercero.
Esplá había estado a la defensiva con su primero, cuyo juego fue
a la par. En el cuarto, toro sin fuerzas ni contenido, ni siquiera
se molestó en tomar las banderillas, y eso que era cartel de
especialistas. Por cierto, banderilleó la terna conjuntamente los
tres primeros toros sin nada sobresaliente. Hubo un buen par de
Encabo en el quinto, y el ya mencionado tercio de Ferrera en el toro
del triunfo.
Encabo no terminó de "meterse" con el primero de su lote,
haciendo los cites fuera de cacho para demorar todavía más las
tardas arrancadas que tenía el animal, que, eso sí, una vez que se
echaba para adelante, repetía tres y hasta cuatro veces. Sin
embargo, cortaba el torero las series cuando empezaba a "calentar".
Dos y el de pecho, a lo sumo tres. Un contrasentido. El quinto "se
metía" con descaro por los dos pitones, y menos indisimuladamente se
quitaba el torero.
Tarde, desde luego, y a pesar de la oreja de Ferrera en el último
momento, sin apenas poso. EFE
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