No son días de sosiego los que transcurren en River. Las polémicas declaraciones de Oscar Ahumada, que fustigó con fiereza el mutismo de los hinchas en el encuentro con San Lorenzo, por los octavos de final de la Copa Santander Libertadores, generaron un cimbronazo inimaginado en la ya consternada actualidad del club, que todavía no se repone de las frustraciones que significaron la caída con Boca y la humillante eliminación del máximo certamen continental, a manos del Ciclón. Las palabras del volante dividieron las aguas, gestaron sentimientos opuestos entre los hinchas y conmocionaron a los dirigentes, cuya decisión fue imponerle una sanción económica. Este sería el capítulo final de una novela de pocos pero intensos episodios.
La diáfana mañana en el predio de Ezeiza, donde ayer se entrenó el plantel, contrastaba con la tormenta que desataron las palabras de Ahumada. Y, desde muy temprano, las conjeturas sobre el futuro del jugador fueron cambiantes y variadas. La visita de Rodolfo Cuiña, integrante del consejo de fútbol, alertó a algunos, ya que sostuvo una pequeña reunión con el futbolista. Pero no fue el único: el DT Diego Simeone habló durante 15 minutos con el volante, que en la práctica de fútbol actuó para los supuestos titulares y jugará el clásico con Independiente.
El clima de tensión se percibía en cada rincón del lugar, y el rostro del futbolista era la imagen más buscada por los fotógrafos y las cámaras de TV. El personaje caminó desde el vestuario con calma y enfrentó con entereza las preguntas. Con algunos matices, ratificó el pensamiento que expuso anteayer ["cuando San Lorenzo hizo el 2 a 1, el estadio se enmudeció; ganando 2 a 0 en la cancha de Boca, la gente de ellos se nos caía encima"], pero no se atemorizó por las repercusiones ni el castigo que le podían caber. "Lo que buscamos es el aliento de la gente. El verdadero hincha lo va a entender, porque estoy diciendo que necesitamos de ellos. Y el que no lo sepa entender espero que acepte las disculpas", expresó Ahumada, que luego, en Radio Uno, atacó al dirigente Leonardo Barujel, que pidió su expulsión. "No voy a soportar que los dirigentes, con tantas cosas mal que han hecho, también se metan con la opinión de los jugadores. Porque yo me voy a empezar a meter en la venta de tales jugadores... Estoy cansado de callarme, de que todo el mundo sepa las cosas y nadie las diga. Que me vaya a buscar al vestuario y que me diga los errores en la cara, que yo le voy a contestar con otras cosas que son más graves", atacó sin miramientos.
El tono de los comentarios de Ahumada denotaba que el volante todavía estaba dolido por las actitudes de los hinchas y enojado con las posiciones de los dirigentes. "El mío es el pensamiento de muchos, pero no lo dicen. Estoy tranquilo porque actué de buena fe", señaló, antes de retirarse. El fastidio del jugador no es nuevo, ya que allegados suyos comentaron en varias oportunidades el descontento del volante por los constantes incumplimientos en el pago de viejas deudas.
Con un intervalo de pocos minutos el entrenador salió a apoyar al jugador, mientras que en el Monumental eran muchas las voces que se levantaban en contra del futbolista. "Oscar [Ahumada] es un tipo muy sanguíneo. Como jugador me siento identificado. Es un hombre de River, que tiene una rebeldía y una manera de sentir las cosas diferente al resto. Quizá no encontró las palabras para expresar alguna situación", dijo Simeone, que lo sostendrá en la formación y ya hace un tiempo lo considera un referente dentro de un grupo con falencias en cuanto a liderazgo.
La última palabra estaba en poder de los dirigentes, aunque eran conocedores de que votar la expulsión de Ahumada sería sumar contratiempos a un momento en que el club necesita que la calma reine nuevamente. Finalmente, y a través del departamento técnico legal, River lo sancionó económicamente -el monto será tratado por la comisión directiva en su próxima reunión, mientras que las razones esgrimidas fueron considerar desafortunadas las palabras que afectaron la sensibilidad de todos los riverplatenses- y con la decisión buscó darle un corte a un tema que generó polémicas y enojos.
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En La Boca no demoraron las repercusiones Los dirigentes y los hinchas de Boca participaron con ironía de la polémica. "Si River lo deja ir le vamos a tener que dar trabajo", dijo el candidato a presidente Juan Carlos Crespi; "A pedido de Ahumada, curso práctico de hinchada", rezaba una bandera en Liniers.
Por Alberto Cantore
De la Redacción de LA NACION