Por Carlos Augusto Rodríguez. CorresponsalBogotá, 26 Mar (Notimex).- Los recientes incidentes entre
barras, jugadores y técnicos de futbol en Colombia mantienen
preocupadas a las autoridades deportivas y aficionados, que temen se
generalice el clima de violencia en los estadios.
Los recientes hechos se dieron el pasado 9 de marzo en el
estadio Pascual Guerrero, en el clásico Regional donde hubo
desórdenes en la tribuna y en la cancha, y el sábado anterior en
Bogotá en el clásico entre Santa Fe y Millonarios.
En Cali hubo 80 heridos por enfrentamientos entre hinchas del
América, al tiempo que el entrenador del conjunto escarlata, Diego
Umaña, agredió a su homólogo de Deportivo Cali, el uruguayo Daniel
Carreñó.
En Bogotá, una inusitada reacción del técnico argentino Mario
Vanemerak estuvo muy cerca de generar desórdenes, porque el estratega
increpó al árbitro y trató de agredir al entrenador de Santa Fe
Fernando Castro, en un juego que quedó 1-1.
"Todo este tipo de situaciones ha hecho que la familia se aleje
del estadio. Uno no puede arriesgar a los hijos pequeños a ver futbol
si sabe que puede haber violencia en la tribuna", dijo a Notimex
Alejandro García, hincha de Millonarios y padre de dos hijos de 15 y
12 años de edad.
Las alteraciones y la furia de las llamadas "barras bravas" han
cambiado el panorama en los estadios de Colombia en la última década.
"Yo recuerdo que mi papá me llevaba al estadio desde los ocho años,
íbamos con mi mamá y veíamos el fútbol sin problemas. No había nada
más allá de los gritos o silbidos ante una mala decisión del árbitro,
pero nadie agredía a nadie", dijo por su parte Juan Maldonado.
Este médico, seguidor del cuadro azul de Bogotá y de 45 años de
edad, recordó que vio grandes jugadores y buen futbol a finales de la
década de 1970 y en la de 1980, sin que nadie cayera en grandes
tragedias.
La gran diferencia parece estar en las llamadas barras bravas,
que no existían en ese entonces y que comenzaron a aparecer en la
década de 1990.
Estos grupos son imitaciones de las barras bravas de Argentina,
pues durante los partidos se manifiestan con cantos, saltos y en
ocasiones con comportamientos violentos.
"Es un fenómeno social complejo", dijo el padre Alirio López,
promotor desde hace varios años del programa gubernamental "Goles en
paz", que trabaja acuerdos de paz y no agresión con los aficionados
de Santa Fe y Millonarios.
Sin embargo, la preocupación por el tema ha resurgido con
fuerza en los últimos días porque los protagonistas del espectáculo,
jugadores y técnicos, también incurrieron en actos de provocación y
violencia.
"No tiene ninguna explicación que Umaña haya golpeado a
Carreño, ni que Vanemerak haya reaccionado como lo hizo en el clásico
ante Santa Fe. Ellos deben dar ejemplo", dijo Maldonado.
La preocupación del hincha es recogida por el director Nacional
del Instituto Colombiano del Deporte (Coldeportes), Evert Bustamante,
quien la víspera envió una circular de advertencia a los clubes.
La entidad hizo un llamado a los clubes profesionales para que
cumplan las reglas del juego limpio y velen por el buen
comportamiento de dirigentes, directores técnicos, deportistas y
personal administrativo.
Se hace especial énfasis "en la adopción de medidas pertinentes
que eviten la promoción de actos agresivos o violentos que pongan en
riesgo tanto a dirigentes y deportistas como a hinchas y
espectadores".
Bustamante pidió respeto por el contrincante y abogó porque se
respete el principio del juego limpio y el profesionalismo.
También se advirtió que el Instituto seguirá detenidamente el
campeonato y en caso de nuevos actos de provocación o desórdenes por
parte de los integrantes de los clubes, se procederá a sancionarlos,
incluso con el retiro del reconocimiento deportivo.
En la práctica, esto significa que los clubes se quedarían sin
el aval legal para poder participar en el campeonato, por lo cual se
espera que hagan un llamado a sus integrantes para que eviten actos
bochornosos.
La idea de aficionados y autoridades es hacer del espectáculo
un lugar donde la gente pueda disfrutar del deporte y no tenga que
afrontar los riegos que implican los desadaptados.
"Lo que queremos es volver al estadio, sin miedo de que haya
gente armada o algún loco te agreda porque no comparte tu punto de
vista en un partido. Queremos que la familia pueda volver al
estadio", concluyó García.