




Montjuïc, Wembley, Luzhniki, el Panathinaiko... Muchos estadios del mundo han tenido el honor de acoger las ceremonias de apertura y clausura de los JJOO, así como las pruebas de atletismo. Algunos de ellos han pasado no sólo a la historia deportiva, sino también a la de la arquitectura: quizá el principal ejemplo es el Olympiastadion de Múnich, con su revolucionaria cubierta de "tela de cristal".
Pekín, sede de los Juegos de 2008, intentará conseguir algo similar con el atrevido diseño en su estadio olímpico, que ya se ha convertido en uno de los principales símbolos contemporáneos de la ciudad.
El aspecto exterior del estadio no necesita palabras para asombrar: una red de barras de acero que se entrelazan de forma irregular, dando al recinto un aspecto de nido de pájaros. Su nombre oficial es "Estadio Nacional", pero los pequineses lo conocen todos como el "Niaochao": el Nido. El estadio, visible desde muchos puntos en el norte de la ciudad, es un golpe visual rotundo, una maravilla radical y a la vez simple de la modernidad que pone a Pekín en el mapa de los estadios deportivos más importantes del mundo.
El estadio, con capacidad para 100.000 personas durante los Juegos (después se reducirá a 80.000), es obra del Instituto de Diseño Arquitectónico de China y el estudio suizo Herzog & DeMeuron, que ya se hizo famoso en el campo de la arquitectura deportiva al idear el Allianz Arena de Múnich.
En esta ocasión, la pareja de arquitectos helvéticos decidió una propuesta totalmente diferente a la muniquesa. El proyecto de Pekín une formas arquitectónicas y orientales: "Su apariencia es pura estructura: la fachada y la estructura son idénticas", dicen de él sus autores.
La revista "Time" lo declaró en 2007 uno de los grandes logros arquitectónicos del año, y ya no hay jefe de Estado que en su visita oficial a China no sea llevado a ver el recinto, carente por completo de líneas horizontales y verticales. Para diseñarlo, se dice que los ingenieros dibujaron en un papel 10 puntos y los unieron al azar una y otra vez hasta crear el mágico entramado.
El Nido será el centro del mundo el 8 de agosto de 2008 a las 8 de la tarde (una concentración de ochos que no es casual, ya que para los chinos ése es el número de la buena fortuna), cuando en él se celebre la ceremonia de inauguración de los Juegos, dirigida por el cineasta chino Zhang Yimou.
Las pruebas de atletismo, las finales de fútbol y la ceremonia de clausura también se celebrarán en este estadio, situado en el norte de Pekín, en el mismo eje norte-sur de la ciudad donde se encuentran la Ciudad Prohibida y la Plaza de Tiananmen.
Su construcción, que ha durado casi cinco años, se inició en diciembre de 2003. Los obreros -más de 7.000- que han participado en ella son en su mayoría humildes trabajadores inmigrantes, y un número no determinado de familias tuvo que ser desalojado de la zona.
Las obras del Nido, que ha costado unos 423 millones de dólares (325 millones de euros), no han tenido excesivos problemas y se completaron en los tiempos previstos, a pesar de que en agosto de 2004 se interrumpieron durante unos meses con el fin de rehacer los planos y cambiar ligeramente el diseño por uno que abaratara algo los costes.
En esos meses se decidió que la cubierta del estadio fuera algo más grande (implicando menos espacio cubierto), con el fin de ahorrar acero (el presupuesto inicial era de unos 500 millones de dólares). Pese a todo, más de 41.000 toneladas del metal han sido empleadas para erigir la obra: las líneas que forman, si se pusieran en fila, medirían 43 kilómetros.
La característica silueta del estadio es ya un símbolo para Pekín, tanto como la Gran Muralla o el retrato de Mao en la plaza de Tiananmen. El Nido aparece ya en anuncios televisivos, y sus modelos a escala se venden como ceniceros en las tiendas de souvenirs. Rivalizará con la estructura vecina -el no menos espectacular "Cubo de Agua", donde se disputará la natación- a la hora de decidir cuál de los dos será el estadio más recordado y fotografiado por los visitantes.
El estadio, como muchas otras estructuras para los Juegos Olímpicos, está dotado de sistemas para ahorrar energía y agua, siguiendo el lema de lograr unos Juegos "Verdes", repetido hasta la saciedad por el Comité Organizador.
En ese sentido, el recinto incluye techos translúcidos para aprovechar la iluminación natural, sistemas de recolección del agua de lluvia y métodos de ventilación "pasivos" que aprovechan al máximo el aire natural exterior. Un sistema de "almohadones hinchables" en los espacios libres de la fachada regula el viento, agua y luz externos para aprovecharlos al máximo dentro del edificio. El material con el que se confeccionan esos almohadones es ETFE (Etileno tetrafluoroetileno), un plástico que también se hará famoso por las "burbujas" que forman la fachada del vecino Cubo de Agua.
Su interior, aunque eclipsado por el aspecto externo, no deja de tener sus peculiaridades. Se trata de una estructura roja -el color chino por excelencia, que se adivina desde el exterior también- y casi circular, en lugar de las elipses habituales en los estadios, lo que permite que todos los espectadores estén prácticamente a la misma distancia de los atletas.
Aunque la construcción del estadio Nacional no tuvo excesivos contratiempos, se formó cierta polémica cuando el arquitecto chino Ai Weiwei, una de las mentes que ayudó a Herzog y De Meuron a idear la obra, se quejó del uso propagandístico del estadio que, según él, quiere hacer el Gobierno comunista chino. "Diseñarlo fue un auténtico gozo. El resto es basura", aseguró Weiwei, exiliado político en Londres, en encendidas declaraciones al diario británico "The Guardian".
ANTONIO BROTO.
EFE REPORTAJES.
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