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Hong Kong, ciudad global de Asia

Hong Kong, un territorio de algo más de 1.100 kilómetros cuadrados devuelto por Gran Bretaña a China hace poco más de diez años, tiene el desparpajo de quien se sabe centro estratégico e intérprete de dos mundos, el chino y el occidental, y no duda en definirse a sí misma como la "ciudad global de Asia".

Vecina de la región de Cantón, montañosa, verde pero estéril, Hong Kong es, entre otras cosas, la ciudad de los iconos del celuloide Jackie Chan y Bruce Lee, un centro financiero internacional con uno de los mercados de valores más importantes de Asia o el territorio con la economía más libre del planeta.

Además disfruta de un deporte, entretenimiento o acto social estrella: las carreras de caballos de los miércoles y los sábados.

La historia de Hong Kong podría remontarse a más de 6.000 años, con las primeras huellas de asentamientos humanos en sus costas, pero sólo trasciende con la llegada de los británicos, en 1840, cuando, identificada su situación geográfica como estratégica comienza a erigirse en centro comercial.

Dos guerras y la negociación de un tratado "desigual" con China (denominado así por las concesiones y prerrogativas de este país a la colonia sin reciprocidad alguna) fue la inversión que el Reino Unido tuvo que realizar para convertirse en metrópoli de Hong Kong, el "Puerto Perfumado", durante algo más de siglo y medio, hasta 1997.

Este lapso de tiempo ha sido suficientemente importante como para que Hong Kong haya asimilado los mismos sistemas jurídico y económico heredados de los británicos, vigentes a pesar de la devolución a la soberanía china hace más de una década, en lo que se ha dado a conocer con la fórmula de "un país, dos sistemas".

Las libertades de expresión, religiosa y de prensa son un hecho en la región administrativa especial, si bien el sufragio universal para elegir al jefe ejecutivo (máximo cargo político) y a la mitad del Parlamento aún se negocia con Pekín”.

Pero a los pilares coloniales británicos se les ha ido uniendo el espíritu emprendedor de los millones de chinos y otros nacionales llegados desde entonces de todas partes del mundo. De los 32.983 habitantes registrados en 1851, Hong Kong pasó a los 878.947 en 1931 (97,8% chinos), y a cerca de siete millones en la actualidad.

La falta de terreno edificable en una de las urbes más pobladas del mundo (6.350 personas por kilómetro cuadrado, aunque en el distrito más hacinado se llega a las 52.070) ha llevado a Hong Kong a ganarle 68 kilómetros cuadrados al mar, y no precisamente para preservar el legado arquitectónico, ya que pocas son las construcciones del siglo XIX o primera mitad del XX que aún quedan en pie.

El Parlamento, las cuatro torretas de la Universidad de Hong Kong, el museo de Ciencias Médicas, el del Ferrocarril o el Tribunal de Última Instancia son algunos de los pocos ejemplos del pasado colonial que han logrado imponerse a proyectos más grandiosos y económicamente más atractivos.

En la actualidad son las grandes torres de bancos, como el de China o el HSBC; o la del Centro Financiero Internacional (la más alta de todas y cuyo acabado similar a zarpas ofrece imágenes pintorescas en días de luna llena o en otros en los que las nubes sobrevuelan bajas), las que junto a varias decenas más han redibujado el horizonte urbano de Hong Kong.

Sin embargo, la tenaz contaminación ambiental procedente de las miles de fábricas de Cantón raramente permite fotografiar nítidamente los contornos de la jungla de edificios y rascacielos de ambos lados del Puerto Victoria.

Las edificaciones de la zona de Kowloon, que hasta la inauguración del nuevo aeropuerto (1998) apenas levantaban tres plantas con el objeto de permitir el descenso y aterrizaje de aviones en plena ciudad, comienzan ahora a hacerle sombra a la rica orilla del norte de la isla de Hong Kong.

Sin embargo, ésta guarda todavía para sí el centro financiero y muchos de los puntos más turísticos de la ex colonia: playas, el Pico Victoria, clubes nocturnos, mercados al aire libre, calles repletas de escaparates y callejuelas empinadas, ruidosas, masificadas y con centenares de tortuosos escalones.

Los taxis rojos, azules o verdes, los ferries verdiblancos que conectan las principales islas del territorio y los tranvías de dos pisos, en servicio desde 1904, ofrecen junto a los numerosos templos de Hong Kong un asombroso colorido.

La ex colonia, cuyas tres partes principales son la isla de Hong Kong, la península de Kowloon y los Nuevos Territorios, sigue siendo un imán para millones de turistas procedentes de China, principalmente, y de otras partes del mundo.

Sólo en 2007 atrajo a 28 millones, cifra que previsiblemente se quedará pequeña este año gracias a los JJ. OO., de los que Hong Kong será coprotagonista como organizadora de las pruebas hípicas que se disputarán entre el 9 y el 21 de agosto.

Al frente de este evento está el Club de Jockey, también herencia británica, toda una institución en Hong Kong y una de las mayores organizaciones de carreras de caballos del mundo.

Fundado en 1884, no sólo es el mayor contribuyente individual en la ex colonia británica (en el pasado ejercicio pagó a la hacienda local el equivalente a un 8,2 por ciento de la recaudación impositiva total, unos 1.621 millones de dólares), sino que también financia numerosos proyectos públicos, desde centros de enseñanza a programas de salud.

Su papel en la consecución de las pruebas olímpicas de doma, saltos y "cross country" para Hong Kong ha sido fundamental. Además de ofrecer su experiencia e instalaciones, ha participado económicamente con un cheque de 154 millones de dólares para la construcción de gradas y otras instalaciones.

Las carreras de caballos no juegan, sin embargo, en la misma liga que deportes como el fútbol o el rugby, ya que su popularidad depende fundamentalmente de las apuestas, organizadas por el Club de Jockey, único operador de Hong Kong autorizado por el gobierno local para gestionarlas.

De ahí el esfuerzo que está realizando el gobierno y el empresariado local en educación e información para que todas las fichas encajen en las fechas señaladas, porque, si de algo sabe Hong Kong es de saber aprovechar una oportunidad, especialmente con economías como la de Shanghai y Singapur pisándole los talones.

CÓMO LLEGAR.

El aeropuerto internacional de Hong Kong, en la isla de Lantau, conecta con 130 destinos de todo el mundo, y en muchas ocasiones los precios de los vuelos para llegar allí son más competitivos que en Pekín y Shanghai, por la condición de economía de libre mercado que tiene la ex colonia.

Desde Pekín, sin embargo, los billetes no son especialmente baratos debido a los controles gubernamentales y a que se considera vuelo "internacional", por lo que el vuelo de tres horas puede rondar los 2.500 yuanes (250 euros, ó 400 dólares).

Para abaratar el coste, algunos viajeros no vuelan desde Pekín a Hong Kong sino a la vecina ciudad de Shenzhen, donde sí operan precios de vuelo nacional, por lo que puede salir hasta por la mitad de precio.

De Shenzhen a Hong Kong hay que pasar una aduana en la estación de tren local y tomar un tren que en media hora nos llevará a la ciudad de los rascacielos.

Si hay tiempo, se puede recorrer el principal eje ferroviario norte-sur de China y viajar de Pekín a Hong Kong en tren, un periplo que dura unas 24 horas y cuesta entre 600 y 1.000 yuanes (60-100 euros, ó 95-168 dólares) según se escoja segunda o primera clase. Antes de llegar a Hong Kong hay que bajar del tren para pasar por la aduana.

Debe recordarse que un europeo no necesita visado para viajar a Hong Kong, pero sí a China, por lo que entrar en la ex colonia es sencillo pero si se quiere volver a China se debe tener un visado con entradas sin utilizar. En Hong Kong se pueden hacer visas turísticas fácilmente.

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