La primera vez que escuché a alguien decir que Ronaldo estaba acabado fue cuando el Barcelona lo dejó escapar. Había rumores sobre una extraña lesión de rodilla, tan complicada que era imposible que aquel jugador se llegara a recuperar. Mejor venderlo ahora, antes de que su precio se desplome. La lesión, si alguna vez la hubo, no fue obstáculo para que en su primer año en Italia Ronaldo marcase 25 goles en el Calcio, 4 en la Copa y 6 en Europa. Tres años después, se volvió a oir la misma canción. Ronaldo está acabado. Una temporada en blanco por una lesión -de rodilla- una vuelta a los campos, lenta y complicada, un salario altísimo, y un Inter condenado a perder hicieron que en Milán se entonase otra vez la misma canción; venderlo mientras vale dinero. El Real Madrid pagó la fortuna que antes habían pagado por el brasileño los catalanes y los italianos y al igual que ellos obtuvo en su primer año el mismo espectacular beneficio. 29 goles en aquella temporada y 30 en la siguiente. Goles decisivos, goles que se traducían en títulos, goles que hacían posible lo imposible. No sé quien en Barcelona, ni tampoco quién en Milán firmó el acta de defunción de Ronaldo. Me imagino que cuando se convirtió en el máximo goleador del Mundial del 2002, o el día que recogió el balón de oro o el FIFA world player apagarían la televisión, para no verlo. Dar por acabado al mejor delantero del mundo y estar equivocado no debe ayudar la digestión. Ronaldo brillaba en la galaxia blanca y en Madrid sonreían. Ronaldo no estaba gordo, era el "barrilete galáctico". La última vez que escuché que Ronaldo estaba acabado, y era la tercera vez, fue en el 2005. La temporada estaba empezando y en la grada se empezaba a decir que a Ronaldo "se le había pasado el arroz". Los había más jóvenes, más delgados, más guapos y que metían más goles. Aquel año Ronaldo aportó 22 goles "solamente" y empezó a considerársele como una estrella más de aquella galaxia en extinción. Así llegó Ronaldo al Mundial, con la etiqueta de acabado, con la secretaría técnica de su equipo buscando un sustituto y los ojos puestos en las otras, nuevas, estrellas. Una vez más Ronaldo cerró el puño, dejando solamente el índice extendido mientras el portero rival recogía el balón de las redes y él se dirigía a la banda para celebrar con la afición brasileña. Lo hizo en tres ocasiones, tres goles en cuatro partidos. No está mal para estar gordo y acabado. A pesar de todo, en un Real Madrid desquiciado han decidido venderle. Esta vez es el A.C Milan el "engañado", el que paga 9 millones de dólares por un jugador terminado, finito. En el fútbol, como en la vida, nadie aprende de los errores ajenos, pero en ocasiones hay gente que sí asimila los aciertos de otros. El Real Madrid no aprende, el Milan sí. |