Me imagino que Ronaldo habrá sonreído al leer el periódico esta mañana. Beckham seguro que también lo habrá hecho. No tengo duda de que ambos han sido felices en España y que el Real Madrid, su afición, el color blanco y el escudo de esa camiseta tienen un hueco en sus corazones. Pero ambos son humanos y cuando uno lee en el periódico que su enemigo se ha dejado las narices en una puerta, es muy difícil no sonreir. Muy difícil. Ramón Calderón y Capello fueron ayer juzgados. A diferencia de lo que sucede en el mundo real en el que hay fiscales, abogados defensores, testigos, jueces y múltiples agujeros por los que un culpable puede escapar de la justicia, ellos fueron condenados por cien mil personas que hacen de fiscal, juez, abogado, testigo,jurado y que además, pagan el sueldo de ambos. La afición madridista decretó ayer su hartazgo. No quiere ver más a Capello en el banquillo ni a Calderón en el palco. Está cansada, harta y sabe que a estas alturas del año, se puede ir despidiendo de la Liga y muy probablemente de la Champions. Un año más sin títulos, son demasiados. El presidente ha reaccionado hoy reafirmando a Capello en su cargo. Da lo mismo. En España es tradicional confirmar a alguien antes de destituirlo. Seguramente Calderón traerá a un nuevo entrenador, probablemente a un español que haya jugado antes en el Real Madrid. Solamente estará ganando tiempo. El juez ha hablado y quiere también a Calderón fuera del club.El presidente puede usar al entrenador como escudo humano, pero la suerte de Calderón está decidida. En tan solo seis meses el presidente ha batido prácticamente todos los récords de incompetencia posibles;. Incumplió sus promesas electorales, trajo a un entrenador antipático al que toleró lo intolerable, menospreció en público a la plantilla, se deshizo de las estrellas en medio de la temporada y convirtió a un club más o menos estable en un auténtico manicomio. La cuestión ahora no es el futuro de Calderón, si no quien vendrá a reemplazarle cuando se celebren elecciones. El Real Madrid necesita una profunda regeneración que devuelva al club las virtudes que se desgastaron durante la época de Florentino y que fueron enterradas definitivamente con Calderón. Mientras tanto, y eso es lo que más duele a los madridistas, el Barcelona sigue navegando plácidamente camino al título de Liga.
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