¿Y ahora qué?El Real Madrid hizo borrón y cuenta nueva el verano pasado. Nuevo presidente, nuevo entrenador, fichajes resplandecientes y una cuenta bancaria en la que no cabía ni un euro más. Un cuaderno nuevo y limpio en el que escribir una nueva historia de glorias deportivas. Tres torneos al alcance y como siempre favorito en todos ellos.Estamos en Marzo y el cuaderno está ya lleno de tachaduras, manchas de tinta, esquinas rotas, páginas arrancadas y ni una sola letra de gloria en él. Fuera de la Copa, de la Champions y de la Liga, el tren del Real Madrid se acerca un año más al final de la línea sin ningún título que enseñar al llegar a la estación. ¿Y ahora? Leer el futuro en el fútbol es muy sencillo. Capello va a ser cesado. Su sustituto será un hombre con raíces en el club, probablemente Del Bosque. El nuevo entrenador servirá de escudo humano que protegerá al presidente de la santa y justa cólera de una afición agotada de no ganar. ¿Funcionará? No. porque la enfermedad del Real Madrid no es esa. El virus que aqueja al Real Madrid es que ha dejado de ser el Real Madrid.En algún momento durante los últimos años la identidad del equipo, de la institución, se perdió entre las sesiones de fotos, las campañas de márketing y las sesiones de "brainstorming". El espíritu perdido La fórmula que ha dado resultado durante cien años al Real Madrid era bastante simple. Jugadores formados en la cantera, reforzados por dos, tres estrellas nacionales y dos, tres de los mejores jugadores del mundo. Simple, pero eficaz. Dentro del vestuario, la fórmula era también sencilla. Da lo mismo como te llames, quién seas o cuanto hayas costado. Aquí hay nuevos y veteranos. Si quieres ganarte nuestro respeto, empieza a trabajar.Finalmente, cualquiera que se ponía esa camiseta sentía el peso del escudo, del número en la espalda y la presión de millones de aficionados que exigían respeto a ese número, a ese escudo y a ese trozo de tela que representa tanto para ellos. Eso es lo que se ha perdido. El espíritu del Real Madrid no tiene un departamento de P.R. Ese espíritu no entiende de tendencias, de "placements", de "marketing". Ese espíritu sabe de sudor, de patadas, de barro, de coraje y de ganas. Las estrellas, estrellitas y estrellados que abundan y abundaron en el vestuario blanco en las últimas temporadas, perdieron de vista todo eso. Mimadas y consentidas, se olvidaron del espíritu blanco, y nadie se molestó en recordárselo. Hoy ese espíritu, el que implantó el mejor presidente que tuvo ese club, el señor Bernabeú, ha desaparecido y hasta que no se recupere, el Real Madrid seguirá perdido, dando palos de ciego, sin curso y sin sentido.
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