Dice el refrán que más vale caer en gracia que ser gracioso. Hay gente que cae y hay otros, que para su infortunio, caen fuera. Aguirre parece ser de los últimos. No es el primero al que le sucede. Ha habido muchos antes que él y habrá muchos después que compartirán esa suerte. Da lo mismo lo bien que lo puedan hacer, una parte del público nunca estará satisfecha. Y si no me creen, pregunten a don Jose Luis. Jose Luis Pérez Caminero, don José Luis, cosechaba la misma cantidad de aplausos que de silbidos. Podía marcar dos goles en un partido, o romperla la espalda a Nadal en un regate histórico, daba igual. No caía bien. Domingo tras domingo el estadio se dividía entre las ovaciones de sus fieles y los insultos de sus igualmente fieles detractores. Aguirre parece que lleva el mismo camino. Para un observador frío e independiente, los números defienden a Aguirre. El mejor equipo de la primera vuelta fuera de casa, el segundo menos goleado de la Liga y a tan solo tres puntos del Real Madrid y peleando por la Champions. Pero el aficionado no es frío y menos aún independiente. Aguirre es el mejor entrenador que ha tenido el Atlético en los últimos diez años. Al menos en cuanto a resultados, y eso es al fin y al cabo lo que manda. Sin embargo los números que dar brillo a su hoja de servicios son los que consigue fuera de casa. Cuando el Atleti visita, nadie protesta su juego de contención. En casa sí. Los números en casa son peores. Los puntos que ha perdido en el Calderón tanto en partidos fáciles como difíciles, son los que le separan de la pelea por el título. Si los números no son buenos, las sensaciones son aún peores. Pocos, si es que ha habido dos, han sido los partidos en los que el Atleti de Aguirre ha avasallado a su rival en casa. La táctica de asegurar los resultados reforzando el centro del campo, retirar a los favoritos de la grada para contener al rival, renunciar al ataque a cambio de conservar y hacer sufrir al ya de por sí sufrido aficionado, son opciones que nunca van a ganarle muchas simpatías. Los efectos de esta falta de popularidad entre los aficionados se han traducido en una decisión "salomónica" que se ha filtrado ya a la prensa. Aguirre continuará si el Atlético llega a la Champions. La balanza está llena. En un plato se encuentra el brillo de volver a Europa. En ese mismo plato está la posible marcha de Fernando Torres si el Atlético no entra en Champions. Si además se llena ese plato de millones de euros que acuden en cascada por la presencia europea, no hay opción para Aguirre. En el otro plato tiene que poner el boleto de acceso a la Champions.Menos que eso, hará necesario que la directiva cometa un error, prescindir de él, pero en estos momentos Javier Aguirre es el único dueño de su suerte. Y de la del Atleti.
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