Este fin de semana se puso en marcha el Tour de France, la vuelta ciclista más importante del mundo, y una vez se le decía la de mayor prestigio, pero esa palabra parece no ser aplicable a este deporte en la actualidad. Luego de los escándalos de los pasado años, el Tour de France ha perdido por completo su lustre, una competencia tan manchada por la polémica del dopaje, que su máximo campeón, Lance Armstrong de Estados Unidos dice que es un bochorno, y que está feliz de ya no pertenecer a la comunidad mundial ciclistica. Nos encantaría tener la opinión del campeón del año pasado, Floyd Landis, pero este todavía esta apelando su positivo por testosterona sintética unos días después de pasearse por los Campos Elíseos de París como nuevo campeón y posible heredero de Armstrong. Ultimamente lo único que hace Landis es tratar de explicar cómo él tiene más testosterona que un ser humano normal. ¿Y qué tal los protagonistas de siempre? En la víspera del Tour del año pasado, nueve corredores, entre ellos Jan Ullrich (campeón en 1997) e Ivan Basso (subcampeón en 2005) fueron expulsados tras verse implicados en la Operación Puerto, la trama de dopaje en España. Más de 50 corredores resultaron implicados por sus presuntos contactos con Eufemiano Fuentes, un doctor acusado de practicar el dopaje sanguíneo en una clínica de Madrid, donde encontraron litros y litros de sangre de ciclistas que fue tratada especialmente por el "Doctor". Basso recibió una suspensión de dos años, decretada por el ciclismo italiano, y aceptó el castigo. También reconoció que quiso doparse, aunque nunca dio el paso, un poco como hizo Clinton con la marihuana. Según Cristian Prudhomme, el director del Tour de France, el ciclismo no sólo necesita recuperar su credibilidad, sino que también necesita recuperar su dignidad y no pudiéramos estar más de acuerdo. Sin embargo Lance Armstrong insiste en que Prudhomme es uno de los problemas más grandes que tiene el Tour de France, senalando que es un hipócrita porque le pidió al danes Bjarne Riis que devolviera su casaca amarilla de 1976 luego que recién confesó haber consumido la sustancia conocida como EPO. El problema es que hay varios ciclistas franceses que tienen sus propios pergaminos del Tour de France que también se confesaron como dopados y Prudhomme no les ha pedido que devuelvan nada. En fin, es un abismo del cual no parece haber salida, porque no se sabe que es peor el dopaje o la corrupción. Hay más de 200 corredores compitiendo este año, y la verdad es que no hay favoritos sobresalientes, todos están retirados o suspendidos, quizá el único rayo de esperanza sea Alexandre Vinokourov, quien le dio batalla en las montañas a Armstrong, pero hasta este ciclista está bajo sospecha ya que 5 de sus companeros del equipo Astana fueron suspendidos por ser parte de la llamada Operacion Puerto de España. Por cierto que esta investigacion sigue, ya que la Unión Ciclista Internacional pidió a 600 ciclistas que firmen una carta de promesa que no se doparán, y que entregarán muestras de su ADN para comprobar que no fueron parte del dopaje masivo del Doctor Fuentes en España. Ojalá que el campeón de esta edición sea un campeón limpio, y que ayude a comenzar a rehabilitar a este deporte, que esta en una verdadera crisis, una caída libre que pudiera resultar en su destrucción. Escríbele a este autor
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