Willie Mays les miró a los ojos y, con la humildad de las palabras más simples, les dijo: "No me importa lo que piensen de mi. Yo sé lo que pienso de ustedes. Disfruto con lo que hacen. Espero que continúen haciéndolo con el amor con que lo hacen". Derek Jeter y Ken Griffey Jr. sonrieron impresionados. Se suponía que Mays fuera el homenajeado anoche en San Francisco. En cambio, no lograron evitar que él, uno de los más grandes jugadores de la historia del béisbol, los reciprocara con tan sincero gesto de admiración. Así de colosal es Willie Mays. Desde 1933 en que se jugó por primera vez el clásico de verano, no ha existido nadie con un palmarés tan impresionante en este tipo de evento como el de Mays. De hecho, Ted Williams aseguró en cierta ocasión que el Juego de las Estrellas fue ideado a la medida del extraordinario guardabosque de los Gigantes. Mays ha sido el único pelotero en ganar dos veces el título de MVP en encuentros de esta categoría (1963-1968), comparte los récords de más participaciones (24) e integrar en más ocasiones (17) el club ganador, además de que acumula las marcas vitalicias de más turnos al bate, carreras anotadas, hits, triples, bases robadas, entre otras. Antes del inicio del desafío en el AT&T Park, el legendario beisbolista se fue hasta lo profundo del jardín central (solía ser el escenario de sus vibrantes actuaciones en la época en que vestía uniforme) y, en inusual ceremonia, lanzó la primera bola desde allí. Fue una noche de esas que sólo pueden ocurrir en San Francisco, inolvidable para Mays y también para todos los que acudieron a la cita. Una noche en la que Barry Bonds, conmovido por el apoyo intempestivo de sus fanáticos, manifestó sentirse sin palabras para explicar tantas emociones. Una noche en la que, por vez primera, el nombre del atleta más brillante del Juego de las Estrellas se escribió en caracteres orientales. Una noche en la que los representantes de la Liga Americana volvieron a repetir lo que han hecho durante los últimos diez años. Una noche en la que no fue necesario llevar flores en el pelo, como pedía Scott McKenzie, pero en la que sí había mucha gente cordial en medio de un adorable verano. ¿Crees que fue emocionante el Juego de las Estrellas celebrado en San Francisco? Opina en los foros. |