La Coruña es una de las ciudades privilegiadas de España. Batida por el mar, protegida por la Costa de la Muerte, se sienta en la punta de las rías altas, el sitio en el que según dicen, Dios apoyó la mano para descansar el séptimo día. Una de las ventajas de La Coruña es que no hace falta el coche. Todo está cerca. La prisa no vive allí. Siempre hay tiempo para tomar un café o una tacita de vino. Como es una ciudad pequeña, todo el mundo se conoce, como todos se conocen, siempre te encuentras a alguien, y como llueve mucho, hay que meterse en un bar para no estar hablando en la calle.Ya que estás en el bar, te tomas un vino, y un vino solo, sin nada para acompañarlo... así que picas algo. ¿Marisco? el mejor del planeta. ¿Pescado? sensacional. La carne, espectacular, y para carne la de Loliña que además hace una tortilla de patata que no es de este mundo. De noche, aunque llueva, hay marcha. Al fin y al cabo es España. Entre semana se puede encontrar sitios donde salir, pero si uno quiere mucha marcha un lunes... Santiago de Compostela está al lado y allí nadie duerme de lunes a jueves. Así que Guardado no va a tener que preocuparse ni por la comida, ni por la bebida ni por el entretenimiento. La lluvia quizá afecte el ánimo, porque llueve trescientos días al año, pero si se adapta, La Coruña es un sitio maravilloso para vivir. De lo que va a tener que preocuparse y mucho, es de su futuro. Tal y como se han dado las cosas, las cartas que tiene en su mano son pésimas. Ningún jugador americano ha triunfado en España en su primer año. Ni en Italia. Ni en Inglaterra. Para poder hacerlo es necesario un año de adaptación. Sea en Holanda, en Francia o incluso en Alemania, el cambio al fútbol europeo es demasiado violento como para poder asimilarlo en un año: Robinho, estrella en Brasil, desaparecido en su primer año en el Real Madrid. Agüero, grande en Argentina, cero en el Atlético. Ejemplos sobran. Y la paciencia escasea. Jugadores mexicanos de calidad que lo intentaron en Europa, como Kikín recientemente o Blanco en el pasado, habrían vivido una experiencia distinta si hubieran disfrutado de ese año de acomplamiento. No lo tuvieron. Guardado tampoco. Su caso en particular tiene dos agravantes; los compromisos con la selección le han privado de descanso este verano. Un sobreesfuerzo que pagará en marzo, cuando el resto de sus compañeros se encuentren en plenitud física y él no. La segunda circunstancia es la presión que ya ha caído sobre sus hombros. A pesar de ser un jugador de banda y no un goleador, en el Deportivo le consideran la solución a todos los problemas, que son muchos. Con todo y con eso, el mayor de los enemigos de Guardado es la situación de decandencia del club que le ha fichado. El Deportivo pasó de ser un equipo de segunda división a convertirse en el "Super Depor" en apenas dos años. De la nada pasó a pelear por la Liga. De jugar en un campo vacío, a meterle cinco goles al Milan en la Champions League. Los días de Ribeiro y rosas quedaron en el pasado y hoy el equipo se desliza cuesta abajo entre el pelotón de la mitad de la tabla. Es mucho más difícil pasar de rico a pobre que al revés. Ese es el amargo camino que hoy recorre la afición deportivista. A falta de estrellas, y la única que tenían la vendieron a la Juventus este verano, Guardado se ha convertido en el hombre, el nombre, el salvador. Y Guardado no puede salvar al Depor. Esa es la misión de Lotina. El nuevo entrenador del Deportivo es un "resucitador". Por eso le han llamado. Acostumbrado a hacer milagros con pocos medios, Lotina ya ha visto esta película. No obstante, para hacer milagros hace falta más de lo que han puesto a su disposición este año. El panorama general por otra parte, no ayuda. La cumbre va a estar dominada con seguridad por Barcelona, Real Madrid, Valencia y Sevilla, que librarán su guerra particular por el título.
La lucha por Europa va a ser igualmente encarnizada con el nuevo Atlético de Aguirre disputando a mordiscos la cola de Europa con Zaragoza y Villarreal. Que el Depor se haga un sitio entre los siete primeros, es poco probable. Sin embargo La Coruña espera ese milagro. Guardado tendrá que jugar cada domingo contra la presión creada por falsas expectativas, la difícil adaptación a Europa y el cansancio heredado del verano. Estos tres le van a dar más patadas que el resto de los jugadores de primera juntos. A su favor tiene calidad y juventud. El elemento que inclinará la balanza será uno, la intensidad de su deseo de saltar a un grande en un año o dos o hacer las maletas y volver a México el próximo verano.
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