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Rogerio Manzano, Yahoo! Telemundo
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Oh, la confabulación del olvido voluntario
Rogerio Manzano, Yahoo! Telemundo
16/08/2007

Barry Bonds no es el mayor jonronero del mundo.  Aunque todas las noches levante ufano su bate y sonría vanidoso, la marca de Sadaharu Oh todavía brilla como una galaxia inalcanzable encima de su cabeza.

Para una mente como la de Bonds, probablemente esto importe poco. Hay demasiado egoísmo en su mirada para rebajarse a lo que muchos como él consideran un "récord inferior".

En la noche del célebre jonrón 756, cuando los reporteros japoneses le preguntaron a Barry en la conferencia de prensa si pensaba que podría alcanzar a Oh, Bonds se limitó a responder secamente: "Felicitaciones, Sadaharu Oh".

Siempre se ha discutido la supremacía de Sadaharu, quien acumuló 868 estacazos de vuelta completa en 22 años de servicio con los Gigantes de Yomiuri, de la Liga Central, en el béisbol profesional japonés.

Son dos razones concretas. Primero, que el circuito nipón es de menor nivel al de las Grandes Ligas de Estados Unidos, y segundo que allá, en la tierra donde vivieron los samuráis, los estadios poseen dimensiones más pequeñas con respecto a sus similares ligamayoristas.

Es indudable que los niveles de calidad de ambas organizaciones son dispares.  Mientras que en las Grandes Ligas juegan los mejores beisbolistas del mundo, en el oriente sólo ven acción la élite nativa, junto a unos cuantos extranjeros de mayor o menor valía. 

Empero, esto no quiere decir que la Nippon Proffesional Organization sea un campeonato de mediocres. ¿De dónde salieron Hideo Nomo, Ichiro Suzuki, Hideki Matsui o Daisuke Matsuzaka? Ciertamente no llegaron del planeta Marte.

Tampoco el circuito japonés ha excedido de 15 la cantidad total de equipos (eran 14 en la primera época de Oh y luego 12 al final de su carrera), lo que supone una mayor concentración del pitcheo que en 34 (actual cifra de clubes en las Grandes Ligas). 

Barry Bonds no enfrenta todos los días a un John Smoltz, a un Jake Peavy o a un Roy Oswalt (por mencionar un grupo jerárquico), de hecho, sus jonrones 754, 755 y 756, fueron contra Rick Vanden Hurk, Clay Hensley y Mike Bacsik, una tripleta de serpentineros que sólo su familia conoce.

En cuanto a los estadios, es obvio que en Japón estén hechos para japoneses, cuya media promedio de estatura es menor que la de los blancos o afroamericanos, e incluso latinos, que juegan en los parques de Estados Unidos.

Pero, observemos un simple detalle. El actual AT&T Park, abierto al público el 11 de abril del 2000 y donde Barry Bonds ha pegado la mayor parte de los jonrones de su carrera (159), posee 339 pies por la línea del jardín izquierdo, 399 pies por el centro del diamante y 309 por la raya del campo derecho, justo la banda en que se coloca a batear Bonds por su condición de zurdo.

No ya Sadaharu Oh, si Hank Aaron hubiera jugado en un estadio con esas dimensiones es muy posible que sumara cerca de mil jonrones. De modo que no le tiremos piedras al techo del vecino japonés cuando el nuestro es de cristal.

En definitiva, muchos no saben quién es, o qué hizo Sadaharu Oh. De un modo u otro, los fanáticos al béisbol de Grandes Ligas siempre quedan atrapados en esa suerte de círculo interior que provoca el apasionamiento, más allá del cual no hay algo que interese a nadie, o a casi nadie.

No obstante, Sadaharu Oh existe y escribió una hermosa leyenda, gústele o no a Barry Bonds y a sus seguidores. Inició su carrera como lanzador en 1959, pero a diferencia de Babe Ruth su paso por el montículo fue efímero.  Pronto fue colocado en la primera base donde hizo historia con su bate y su estilo flamenco.

En cifras, Sadaharu Oh, además de los 868 jonrones, pegó 422 dobles y empujó 2,170 carreras.  Aún conserva el récord de más vuelacercas en una temporada con 55 (encabezó la Liga 15 veces en este departamento, 13 de modo consecutivo). 

No sólo fue un toletero de fuerza, también ganó cinco campeonatos de promedio al bate.  Obtuvo dos veces la triple corona y, como líder indiscutible en el terreno, guió a su equipo en once oportunidades al gallardete, además fue distinguido en nueve ocasiones con el título de Jugador Más Valioso y en otras ocho resultó seleccionado al Juego de las Estrellas.

Empero, entre la explosión del 756, las sospechas de esteroides, el mensaje de Aaron, las manos en los bolsillos de Seling y la historia del joven Murphy, todos se olvidaron voluntariamente de Sadaharu Oh.

Si al final se duda de la veracidad de los jonrones de Sadaharu Oh, porque jugó en una Liga de menor nivel o en estadios más pequeños, pues muy bien, saquémosle de sus estadísticas 100 o 200 palos sobre la cerca; pero, ¿cuántos tendremos que sacarle a Bonds de su cuenta por usar esteroides?

Como aseguró recientemente el slugger norteamericano Tuffy Rhodes, uno de los máximos toleteros en el béisbol japonés y quien se encuentra muy cerca de superar la marca de los 400 bambinazos. "Sin faltarle el respeto a Barry, pero Oh merece el récord mundial", dijo.

"Conectar jonrones es conectar jonrones. No importante donde". Y agregó, "Muchos estadios aquí son más pequeños, pero de todas formas hay que conectar".

¿Crees que Barry Bonds usó esteroides? Opina en los foros.
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