La mala noticia de la temporada se la dieron a Aguirre por teléfono;"Maxi se ha roto". Fue en un partido amistoso entre Argentina y nadie recuerda quién. La lesión dejó al jugador impedido por seis meses, privando a Aguirre de una de sus estrellas y al equipo de los quince goles que regularmente aportaba cada año. En una competición tan cerrada como la del año pasado, esos goles habrían supuesto la diferencia entre intertoto y Champions, entre cinco millones y cincuenta, entre un año gris y uno grande. Por esa razón el Atlético de Madrid decidió demandar a la federación argentina exigiendo una compensación económica por el daño que la lesión de Maxi supuso para el club. Aquello pasó más o menos desapercibido, pero la bola de nieve que el presidente del Barcelona acaba de empujar por la pendiente no va a hacerlo. Los clubes están hartos. Esta misma semana el Barcelona ha cedido a Márquez y Dos Santos para que jueguen con México, a Ronaldinho para que lo haga con Brasil y Messi con Argentina. Ninguno jugará un partido oficial, pero si cualquiera de ellos se lesiona, el Barcelona no recibirá un solo centavo en concepto de indemnización. No solo eso, el club español está obligado a continuar pagando al jugador la ficha íntegra (que en el caso de Ronaldinho asciende a 16 millones de euros al año, ocho para el jugador, ocho por sus impuestos). Las federaciones nacionales han cruzado la línea de lo tolerable. Como ejemplo, más sal en la herida del Atlético de Madrid, Agüero fue convocado para jugar con Argentina un partido amistoso en Australia. Tras un viaje de catorce mil kilómetros, el Kun jugó un minuto. La exigencia del Barcelona va a encontrar terreno abonado en los despachos de los grandes de Europa. Cansados de que las federaciones nacionales se llenen los bolsillos utilizando a las estrellas que los clubes pagan, Laporta ha encendido la mecha. Y es una mecha corta. Los clubes van a exigir que las federaciones paguen los seguros por usar a los jugadores con contrato con un club europeo. El seguro de Ronaldinho o de Kaká asciende a varios millones de dólares. En ese caso las estrellas dejarán de ser convocadas para jugar amistosos. Sin estrellas, los partidos amistosos perderán interés. Sin interés,no habrá negocio y sin billetitos no habrá partidos. Este es solo el primer paso. Para ningún club tiene la menor transcendencia que Argentina, Brasil o Camerún se clasifiquen o no para un Mundial, un Europeo o una Copa de Africa. Hay cambios a la vista. El que paga se ha cansado.
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