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Rogerio Manzano, Yahoo! Telemundo
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Béisbol, sudor y lágrimas
Rogerio Manzano, Yahoo! Telemundo
21/12/2007

El béisbol merecía una historia mejor. En su esencia, éste fue un juego creado por hombres mansos y divertidos.  Pero la insensatez, la ambición, la falsedad, son detalles que constantemente nos recuerdan lo humanos que somos.

Cierto, tanta imperfección repugna los sentidos, pero también nos hace creer que el vacío siempre se puede rellenar con nuevas oportunidades.

¿Logrará zafarse el béisbol del estigma de los esteroides? ¿Se volverán a ver jugadores honestos, dueños más prudentes, directivos más capaces? Por ahora, sólo pensemos lo que representó la campaña del 2007 en términos competitivos.

Pareciera que los Medias Rojas de Boston intentaran imponer la primera dinastía para este incipiente siglo.  El campeonato obtenido este año no sólo apuntaló tal idea, sino más bien afincó el concepto interno de la Nación Roja de enfocar sus pretensiones más allá de contrataciones como las de Matzusaka, J.D. Drew o Julio Lugo y que, definitivamente, se proyectó en el despegue deportivo de jóvenes figuras como Pedroia, Youkilis, Lester, Ellsbury, etc.

Pero el 2007 también fue un año muy auténtico y tangible en lo individual, sobre todo para atletas como Alex Rodríguez, Jake Peavy, Matt Holliday, Josh Beckett, Maglio Ordoñez, Prince Fielder, C.C. Sabathia o Jimmy Rollins, quienes, además de conquistar los principales lideratos de bateo y pitcheo en ambos circuitos, también arremetieron contra los premios más importantes que otorga la organización de Grandes Ligas a los mejores lanzadores y jugadores del torneo.

En materia de récords descolló la controversial marca de jonrones impuesta por Barry Bonds. El toletero de los Gigantes de San Francisco desplazó históricamente a Hank Aaron en la producción vitalicia de batazos de vuelta completa al superar la mitológica cifra de 755. Por desgracia, el vínculo establecido entre Barry Bonds y el uso de sustancias prohibidas ennegreció la dimensión de un hecho que, más debió haber sido causa de celebración jubilosa, que no de crítica amarga y despiadada.

Otro aspecto significativo en esta temporada de las Grandes Ligas fue su permanente y creciente globalización.  En el Día de Apertura del certamen beisbolero más importante del mundo se impuso un récord de participación en cuanto al total de beisbolistas extranjeros en las nóminas de los 30 clubes que integran ambos circuitos ligamayoristas, a saber Liga Nacional y Americana, con un total de 246 hombres nacidos fuera de los Estados Unidos.

Tal cantidad superó la anterior que era de 242 y que fue establecida en el 2005. Los países con mayor crecimiento fueron República Dominicana, con 98 peloteros de un monto de 85 en el año 2006, y Venezuela, con 51 de 43. En las últimas cuatro contiendas la presencia extranjera ha oscilado entre un 27 y un 29 por ciento del total general de atletas que juegan en la Gran Carpa.

Pese a todo, el béisbol sufrió vergonzosamente el mayor desgaste escandaloso de su historia, desde la época en que varios integrantes de los Medias Blancas de Chicago dañaron la dignidad del juego al venderse a los apostadores durante la Serie Mundial de 1919. La presentación del reporte Mitchell en la primera quincena del mes de diciembre, sobre el alegado uso de sustancias prohibidas en el béisbol profesional, apenas resultó el mecanismo facultativo que desenmascaró la falsedad de una época en la que no sólo los jugadores fueron protagonistas del cobarde engaño, sino también los dueños por provocarlo, y los directivos por permitirlo.

Del mismo modo, la caída de los dos íconos más populares y legendarios de esta etapa, Barry Bonds y Roger Clemens, aunque en planos y circunstancias diferentes, fue como el derrumbe de un nuevo Muro de Berlín.  Y si bien esto simbolizó el desplome de una era desgraciada, también punteó hacia un sentido más juicioso de orientación, de sensatez y de reflexión para un deporte que es pasión de millones en muchas partes del mundo.

En el campo internacional, el pasatiempo de las bolas y los strikes aclamó el nombramiento del norteamericano Harvey Schiller como nuevo presidente de la Federación de Béisbol (IBAF), quien llegó con el ánimo y la determinación de impulsar el regreso de la disciplina al programa de los Juegos Olímpicos, además de que prometió estrechar lazos de unidad junto a la organización de las Grandes Ligas para promover una mayor comprensión y divulgación del juego por todo el planeta. 

En ese sentido la IBAF celebró en el 2007 tres torneos clasificatorios para Beijing en Europa, Asia y África, y aunque dejó pendiente el torneo de repechaje para principios del 2008, también se realizó la XXXVII versión de la Copa Mundial en Taiwán, donde la selección de Estados Unidos terminó con el dominio cubano de los últimos nueve años en este tipo de eventos y donde, por primera vez en la historia de estas lides, los aficionados pudieron disfrutar transmisiones gratis y en vivo por Internet de la casi totalidad de los partidos programados.

No obstante la polémica, los cuestionamientos y la fullería que el béisbol padeció durante este 2007, es evidente que el pasatiempo se encuentra en un instante de crecimiento objetivo, no sólo en Estados Unidos, sino también mundialmente.  Ejemplos hay muchos, pero se pudieran señalar la Serie de Asia y la Serie del Caribe.  El primer certamen ya se consolida desde hace tres años como máximo torneo de clubes campeones profesionales en el continente asiático y el segundo contempla serios planes para extender su alcance y aumentar su número de participantes en un futuro inmediato. 

Pero esta imagen de progreso y evolución, apreciada además en el anuncio oficial de invitación a las primeras ocho selecciones nacionales para la celebración del segundo Clásico Mundial en el 2009, sólo podrá manifestarse plena y favorablemente para el deporte base, si quienes tienen la responsabilidad de contribuir con su realización lo hacen de un modo serio, consecuente y en un espacio sano de egoísmos y mezquindades.

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