En Colombia se habla de paz, pero lo que sucedió en el clásico entre Deportivo Cali y los Diablos Rojos del América, deja en manifiesto una actitud de agresividad que ya nos cansamos de ver en los estadios de Latinoamérica. Después de la gran muestra de diplomacia y voluntad de paz que hizo el presidente Álvaro Uribe en la Cumbre de Río para bajar las tensiones con Ecuador y Venezuela, llega un partido de fútbol que además, fue transmitido internacionalmente y los colombianos volvemos a quedar mal frente al mundo. ¿Qué nos está pasando? ¿Acaso no basta con los miles de muertos que ha dejado una guerra interna de más de 50 años, o con la delincuencia común que azota a las grandes ciudades? Se supone que los estadios son territorios de paz, un espacio para compartir en familia y descargar las tensiones de la semana laboral, pero ahora las personas sienten miedo de ir a estos escenarios deportivos por la falta de garantías en cuanto a la seguridad. Por esa razón, no es extraño que el promedio de hinchas disminuya día a día y después los directivos se quejen por la falta de acompañamiento en las tribunas. Hay que ser consecuentes con la realidad de un país, ser parte de la solución y no del problema; y la cuestión no es buscar responsables, sino establecer la responsabilidad de cada uno de los protagonistas de este espectáculo. Es tan peligroso un periodista que informa de manera mal intencionada en contra de algún jugador, técnico o directivo, como lo es un jugador desleal con el rival en el campo de juego o un técnico que con actitudes burlescas incita a los aficionados a la violencia. Los estadios de fútbol no son coliseos romanos donde se iba a disfrutar del sufrimiento de los demás. Ni siquiera en deportes de naturaleza violenta se dan esta clase de actitudes cobardes de quienes se escudan en las masas para vandalizar el espectáculo. ¿Por qué esperar a que se produzca una verdadera tragedia para detener este tipo de actitudes? Lo que pasó en el clásico vallecaucano es una voz de alerta para todos los involucrados en la organización del fútbol colombiano. Según fuentes oficiales, el enfrentamiento dejó un saldo de 45 personas heridas, 10 de ellas de gravedad. Por ahora no hay víctimas fatales. La idea es que estos hechos no se repitan. El técnico del América, Diego Edison Umaña reconoció su error y pidió disculpas públicamente por la agresión a su colega, el uruguayo Daniel Carreño. Siempre es mejor pensar antes de actuar. La rabia y la ira son sentimientos inherentes al ser humano, pero el ser racional debe prevalecer en situaciones de este tipo. Desde las escuelas se deben fortalecer los mecanismos educativos, es indudable que toda la problemática tiene sus raíces en la falta de educación. Está bien sancionar, pero también se debe educar. El mundo está saturado de actitudes violentas, guerras y hostilidades. No dejemos que el deporte se manche de esa manera, el fútbol debe ser una fiesta y todos estamos invitados a vivirla en paz. ¿Estás de acuerdo en que la violencia en los estadios se debe combatir con mano dura? Opina en los foros de Deportes Telemundo. |